EMBARAZO A TEMPRANA EDAD
La adolescencia es una etapa de
crecimiento y desarrollo, con adquisición de nuevas funciones en las esferas
biológica, psicológica y social. Dichos cambios no acontecen de manera
simultánea, siendo la capacidad reproductiva el primer evento que se produce.
Son funciones de la edad adulta, la maternidad y la paternidad,
independientemente de cuánto dure o cuáles sean las características de la
adolescencia en una cultura determinada. Como resultado de esta asincronía en
la maduración de las diferentes esferas (biológica, psíquica y social), una
adolescente tiene la posibilidad de quedar embarazada sin haber cumplido
todavía las tareas del adolescente para llegar a la adultez.
RIESGOS EN EL EMBARAZO ADOLESCENTE
A nivel mundial, el embarazo a
edades tempranas se presenta cada vez con mayor frecuencia. Estas gestaciones
se acompañan generalmente de grandes riesgos de complicaciones biológicas en la
madre, tales como anemia grave, amenazas de aborto, parto prematuro o parto
inmaduro, toxemia, hipertensión inducida por el propio embarazo, placenta
previa, incompetencia cervical, e infecciones, entre otras. En la salud del
niño se puede presentar desde bajo peso al nacer, hasta secuelas que en
ocasiones son para toda la vida, como por ejemplo retraso mental, defectos del
cierre del tubo neural, así como desarrollo biológico deficiente, entre otros.
Existe una doble probabilidad de morir en relación con el parto en mujeres por
debajo de 15 años de edad, que en mujeres de 20 años o más.
CONSECUENCIAS DEL EMBARAZO ADOLESCENTE
Consecuencias biológicas
Además de las complicaciones ya
mencionadas anteriormente, es importante hacer notar que muchos de los
embarazos en las adolescentes pueden llevar a la joven a practicarse un aborto
y los riesgos que implica éste para las chicas pueden ser considerables,
principalmente cuando se realiza en forma ilegal y en condiciones médicas
inadecuadas, situación que es muy frecuente. Las complicaciones generalmente
incluyen: hemorragias, septicemia, anemia, laceraciones vaginales, abscesos
pélvicos, perforaciones del útero y esterilidad secundaria, entre otras.
Consecuencias psicosociales
A menor edad también serán menores
las posibilidades de aceptar el embarazo y de criar al niño, al tener la
obligación de cumplir con el papel de madre a edades tempranas. Una adolescente
no transita a la adultez por el simple hecho de estar embarazada, ella seguirá
siendo una adolescente que tendrá que hacerse cargo de un hijo. Las jóvenes de
10 a 13 años suelen tener grandes temores frente al dolor y a los
procedimientos invasivos y generalmente el parto es muy difícil debido a que
pierden el control con facilidad. En estos casos, lo ideal es que sean
atendidas por personal profesional sensitivo y capacitado para esta labor, que
pueda acompañarlas y contenerlas y que les explique de manera clara y concreta
todo el proceso por el que están pasando, para reducir el estrés de la
embarazada.
Las adolescentes de 14 a 16 años
pueden adoptar una actitud de omnipotencia y manifestar que no le temen a nada.
Generalmente en este grupo de edad, las chicas están más preocupadas por los
cambios que está sufriendo su cuerpo y por el interés que despiertan a su
alrededor con su embarazo, que por lo que les puede pasar. Es común que exhiban
sus vientres y es clásico que manifiesten ¡a mí no me va a pasar!, condiciones
todas que dificultan su preparación para la maternidad, tomando la crianza
inmediata como un juego. Sin embargo, los problemas aparecen después, cuando
tienen que hacerse cargo del niño todo el tiempo y abandonar su estilo de vida
anterior al embarazo. En estos casos, al igual que en el anterior, el soporte
familiar con el que cuenten, así como el trabajo de los equipos de salud que
las acompañen fungirán, si son positivos, como factores protectores.
MEDIDAS PREVENTIVAS PARA EL
EMBARAZO ADOLESCENTE
Considerando el impacto de esta
condición, es importante en primer lugar disminuir la incidencia del embarazo
en este grupo poblacional, tomando medidas de prevención a través de campañas
que proporcionen información calificada y veraz sobre educación y salud sexual
y reproductiva que incluya el uso adecuado de los anticonceptivos y los
testimonios de pares. Estas campañas de
prevención deben, además, promover entre los y las jóvenes una reflexión sincera
e informada, que les permita descubrir sus miedos y sus deseos inconscientes y
traerlos a la conciencia para poder trabajarlos desde la objetividad que les
ofrece la información sobre sus consecuencias y riesgos. En segundo lugar, hay
que insistir en una atención temprana del embarazo de estas jóvenes mediante un
control prenatal adecuado, llevado a cabo por personal profesional entrenado en
la atención de adolescentes para disminuir los riesgos biológicos, tanto para
la madre como para el producto. Como tercer punto, es fundamental el abordaje
integral que incluya la atención psicológica a la adolescente, al padre del
bebe y a la familia de ambos, durante y después del embarazo, con el objetivo
de atenuar el impacto de esta situación en todos ellos, ya que puede considerarse
también de alto riesgo bio-psico-social.








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